martes, 22 de mayo de 2012

Un pequeño paraíso

ISLA HOLBOX (9 marzo - 16 marzo)

    Cogemos un autobús en Cancún que nos lleva a Chiquilá. El camino nos gusta mucho. Vamos viendo los pequeños pueblos metidos de lleno en la naturaleza. Esto hace que a la vuelta nos encontremos con nuestra siguiente aventura.

    Llegamos a Chiquilá, un puerto de pescadores de unas 30 casas. Allí subimos a un barco de madera, repleto de gente lugareña, turistas, mochilas, maletas y cajas con abastecimiento para la isla. No cabe ya ni un alfiler, y en 20 minutos ya estamos en la isla. El puerto no es más que una pequeña palapa.
   
    De allí vamos a la que será nuestra casita durante una semana. Un hostal con 6 cabañas llevado por una pareja mexicana  muy jovencita,  quienes viven allí con sus dos niños pequeños. No está a pie de playa pero sí a 300 metros. Por la noche desde la hamaca king-since dónde nos tumbamos vemos pasar corriendo a cuatro mapaches cruzando el jardín del hostal.

    Me quedo atrapada intentando resumir los momentos pasados en la isla. Cada día fue especial. Unos días caminando, otros en bici, así la recorrimos.
Los colores del agua del mar pasan del turquesa, celeste, hasta llegar al blanco. La arena de la playa es blanquísima y contrasta con los árboles que crecen dentro del agua, depende de la marea si está alta o baja.
Un montón de iguanas y cientos de pelicanos. Me ha maravillado esta ave. Me da mucho gusto verles zambullirse desde el cielo al mar para comerse un "pescaito".

Playa de la Isla Holbox


   Una de las cosas que más nos ha gustado, aparte de sus paradisiacos paisajes, es lo fácil que se hace convivir con la gente local y extranjera que vive en la isla.
El pueblo de Holbox no es muy grande, sus construcciones son palapas de muchos colores, sus calles de arena, y en el centro se encuentra una placita con una cancha, una tómbola nocturna, varios futbolines y un escenario. Cuando cae el sol es aquí dónde acude la gente que vive en la isla. Hay unos cuantos restaurantes y un par de puestos callejeros para cenar. Recomendamos el "Tio Nico", un sitio de precio medio con una exquisita cocina. La mujer que lo regenta, Angelita, es una bellísima persona con la que pasamos ratos muy agradables charlando. Había un grupo de músicos de reggae quienes tocaban todos los días en algún rincón y con los que compartimos mesa una noche allí.
Otra característica de Holbox es que está lleno de niños correteando y jugando por sus calles durante todo el día, libres y seguros.

    La isla tiene una superficie de 30 km de largo. La costa Norte es la más accesible para el baño. Cuando nosotros estuvimos era la época de las algas, y las playas del pueblo estaban repletas. No sería molesto sino desprendieran un olor muy fuerte, que durante los momentos del día más calurosos llega a ser insoportable. Pero caminas dirección este y las algas desaparecen.
   
    Puedes andar por dentro del agua casi 100 metros y no cubre nada y llegas a una duna enorme que transcurre paralela a la playa, caminas 3 kilometros más por la duna, cruzas un río, justo en su desembocadura, y llegas al paraíso de las aves y por supuesto al nuestro.
No hay ninguna construcción en esa parte de la isla, sólo arena, vegetación y animales. Allí descubrimos los cangrejos cacerola. Había cientos por toda la playa. Son animales prehistóricos, su sangre es azul, la cual es útil para esterilizar las herramientas de cirugía. Nos dijeron que habían tantos porque era la época en la que las hembras ponen sus huevos en la orilla. Todo un espectáculo. Algunas se  dan la vuelta por las olas y mueren en la playa. Gracias a que nos dimos cuenta pudimos salvar a unas cuantas.

Cangrejos cacerola


   Todas las costas de Holbox son bonitas, con sus paisajes paradisiacos, sus aves, iguanas, etc. Cada rinconcito tiene su encanto. Te parece que estás viviendo en una postal.
La isla tiene como su emblema el tiburón ballena. Nosotros no estuvimos en la época en la que pasan por delante de la isla, que es el máximo turístico de allá. Menos mal que conocimos a Ramiro, un artesano argentino que vive allí, que nos advirtió de no coger los tours que te llevan a buscar la ballena porque por mucho que buscásemos no la  encontraríamos  en esas fechas.

    Un día, al despertarnos, escuchamos mucho alboroto de gente, música alta y alguien radiando lo que creíamos que era un partido. Fuimos a buscar tal jolgorio, y nos encontramos con un partido de béisbol. Holbox contra Isla Mujeres. Aunque ya estaba comenzando, compramos las entradas, a mitad de precio, y pudimos disfrutarlo. Ganó Isla Mujeres.




   En el hostal teníamos cocina y aunque estamos encantados con la comida mexicana, pudimos cocinarnos algún que otro plato español, pasta y ensaladas.

    Por poco no nos vamos de Holbox. Nos ofrecieron trabajar en el hostal que tenían en el playa a cambio de alojamiento. Pero al final eran muchas horas de trabajo, sin comidas incluidas, y no queríamos echar raíz al principio de viaje. México es enorme y hay que seguir camino.

    Nos dio mucha pena despedirnos de la familia. Nos cogimos mucho cariño. Allí empecé a desprenderme de cosas de la mochila. Le regalé a ella una camiseta y medio neceser, colonia incluida, con lo cual no uso desde entonces.

    Fuimos al puerto en busca del barco aunque cruzamos con una lanchita y aunque triste, fue muy bonito el viaje de vuelta.

Puerto de Holbox



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By bbmoon


1 comentario:

Culu2008 dijo...

Gracias chic@s! Me gusta mucho vuestro no blog! Besos y cuidaros pléase! Paloma